Si hay algo que nos hace seguir adelante muchas veces es conservar la esperanza. La esperanza de cambio, de que mejoren las cosas. El problema es que a veces nos hace crearnos expectativas sobre personas o situaciones que no siempre se cumplen. Es entonces cuando nos enfadamos, cuando culpamos a otros de nuestra propia responsabilidad al no saber controlar nuestras expectativas.
A veces esperamos que los demás cumplan esas expectativas sobre ellos, de las cuales no tienen conocimiento y que ni siquiera intuyen que les estamos pidiendo, y no siempre obtenemos aquello que esperábamos.
Pero la esperanza es necesaria, es lo que mueve el mundo, es uno de los ingredientes de la lucha y el cambio, hay que conocer nuestras esperanzas y pensar que cuando no se cumplen no quiere decir que las cosas no puedan ser mejores de otra manera, nunca hay que perderla por mucho que no se cumplan las expectativas que teníamos de algo o de alguien.
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